Cómo se juega al sudoku
Las reglas caben en una línea: rellena la cuadrícula de forma que cada fila, cada columna y cada caja contengan todos los números sin repetir ninguno. En un sudoku clásico de 9×9 son los números del 1 al 9 y las cajas son los nueve bloques de 3×3 marcados con línea gruesa.
Eso es todo. No hay que sumar nada, no hace falta saber matemáticas y los números podrían ser nueve colores o nueve letras sin que el puzzle cambiara: lo único que importa es que son nueve símbolos distintos. El sudoku es un problema de lógica pura, y de ahí viene su fama de accesible.
Un sudoku bien construido nunca obliga a adivinar. Si en algún momento sientes que tienes que probar suerte, casi siempre significa que queda una deducción que no has visto todavía.
Cinco técnicas que resuelven casi cualquier sudoku
Con las dos primeras se resuelven los fáciles enteros. Las tres siguientes son las que hacen falta cuando bajan las pistas.
1. El hueco único
Busca filas, columnas o cajas a las que solo les falte una casilla. El número que va ahí es el único que no está puesto. Es la técnica más tonta y la que más veces se pasa por alto: conviene barrer el tablero buscándola cada vez que colocas algo nuevo.
2. El candidato único
Fíjate en una casilla vacía y tacha mentalmente todo lo que ya aparece en su fila, en su columna y en su caja. Si al terminar solo queda un número posible, ese número va ahí, con total seguridad. Es la técnica que más casillas resuelve en los niveles fácil y medio.
3. El escaneo cruzado
Cambia el punto de vista: en vez de preguntarte «qué va en esta casilla», pregúntate «dónde puede ir este número». Elige un número, por ejemplo el 7, y recorre las cajas donde todavía no está. En cada una, descarta las filas y columnas que ya tienen un 7. Muchas veces queda una sola casilla libre en toda la caja, y eso resuelve un hueco que mirando casilla por casilla no se veía.
Esta es la técnica que separa a quien tarda cuarenta minutos de quien tarda diez.
4. Las parejas
Si dentro de una misma caja (o fila, o columna) hay dos casillas cuyos únicos candidatos son el mismo par de números —digamos que las dos solo pueden ser 4 o 9—, entonces el 4 y el 9 ocupan esas dos casillas, aunque todavía no sepas en qué orden. Y eso te permite descartar el 4 y el 9 del resto de casillas de esa caja. Suena a poco y desbloquea muchísimo.
5. Anotar a lápiz, pero con cabeza
A partir del nivel medio la memoria no llega y hay que anotar candidatos. El error típico es anotar todos los candidatos de todas las casillas desde el principio: acabas con un tablero ilegible. Es mejor anotar solo donde has reducido a dos o tres posibilidades, que es donde la anotación aporta algo. En esta página el lápiz se activa con el botón ✏️ o la tecla N, y cuando fijas un número definitivo se borra solo de las anotaciones de su fila, su columna y su caja.
Los errores que más se repiten
- Colocar por intuición. Si no puedes explicar por qué un número va en una casilla, no lo pongas. Un número mal colocado en el minuto dos no se detecta hasta el minuto veinte, y a esas alturas ya no sabes cuál fue.
- Mirar solo casillas y nunca números. Alternar entre las dos preguntas —«qué va aquí» y «dónde va este número»— es lo que desatasca.
- Abandonar la fila que ya casi está. Cada número que colocas cambia las posibilidades de su fila, su columna y su caja. Después de colocar, vuelve a mirar ahí mismo antes de irte a otra zona.
- Empezar por el difícil. Si te atascas siempre en el mismo punto, baja un nivel y fíjate en qué deducción te faltaba. Se aprende mucho más así que peleando.
Sobre los niveles de esta página
Hay cinco. El 4×4 y el 6×6 no son un adorno: son la mejor forma de entender la regla si nunca has hecho un sudoku, y funcionan muy bien con niños, porque un 4×4 se resuelve en dos minutos y la sensación de haberlo conseguido es la misma. Los tres de 9×9 se distinguen por cuántas pistas se dan al empezar: 40 en fácil, 32 en medio y 26 en difícil.
Conviene ser honesto con esa medida: el número de pistas es una aproximación, no una escala exacta de dificultad. Lo que de verdad determina lo duro que es un sudoku es qué técnicas hacen falta y cómo están repartidas las pistas, no cuántas hay. Un sudoku de 30 pistas mal repartidas puede costar más que otro de 26. Lo que sí está garantizado es que todos tienen una única solución : se comprobó uno por uno al generarlos.