Autodefinidos para mayores: qué aportan de verdad y cómo sacarles partido
Lo que un autodefinido ejercita, lo que la ciencia no ha demostrado, y consejos prácticos para personas mayores, familias y talleres de memoria: nivel, letra, papel y rutina.
El autodefinido es probablemente el pasatiempo de papel más extendido entre las personas mayores en España. Se compra en el quiosco, se hace con bolígrafo después de comer y se comparte con quien esté al lado («¿cómo se llamaba el río de...?»). Por eso merece la pena hablar de él con cuidado: qué aporta de verdad, qué no, y cómo adaptarlo cuando la vista o la paciencia ya no son las de antes.
Lo que ejercita un autodefinido
Sin exagerar, un autodefinido pone a trabajar varias cosas a la vez:
- El vocabulario y la memoria de largo plazo. Las definiciones piden palabras que uno sabe desde siempre pero no usa a diario: «ANILLO GRANDE», «TEJIDO DE LINO», «BOCA DEL VOLCÁN». Recuperarlas es un esfuerzo pequeño y agradable.
- La atención sostenida. Una lámina se resuelve en un rato de concentración seguida, sin interrupciones. En un día lleno de pantallas que fragmentan la atención, eso tiene valor por sí mismo.
- El razonamiento con pistas parciales. Cuando una palabra no sale, se deduce por las letras que la cruzan. Es un ejercicio de lógica sin números.
- La sensación de logro. Terminar una lámina —o una página entera— da una satisfacción concreta, con principio y final. No es poca cosa para mantener un hábito.
Lo que no está demostrado
Aquí conviene ser honestos, porque se ha vendido mucho humo. No hay evidencia sólida de que hacer autodefinidos, ni ningún otro pasatiempo, prevenga el alzhéimer o el deterioro cognitivo. Los estudios que encuentran que las personas mentalmente activas se deterioran menos son observacionales: no pueden separar el efecto del pasatiempo del de la educación, la vida social o la salud general, y también puede ocurrir al revés —que se dejen los crucigramas porque empieza el deterioro—.
Lo que sí está bien establecido es más modesto: quien practica un tipo de puzle mejora en ese tipo de puzle. Lo contamos con detalle, y con las fuentes, en pasatiempos y cerebro: qué dice la ciencia. La conclusión práctica no es «no sirven para nada», sino «sirven para lo que sirven»: entretener, mantener la costumbre de concentrarse y dar conversación. Ya es bastante. Y si hay un diagnóstico, el plan de estimulación lo marca el profesional que lleva el caso, no una revista.
Elegir el nivel adecuado
Un autodefinido demasiado difícil no estimula: frustra, y se deja. La regla práctica es que la persona termine la lámina en una sesión, con algún atasco pero sin rendirse.
En nuestras láminas, el nivel fácil tiene unas 25 palabras en una rejilla de 8 por 10, con vocabulario de todos los días y casi dos tercios de palabras de tres o cuatro letras. Es el punto de partida razonable para casi todo el mundo, incluso para quien lleva años haciendo autodefinidos de revista: se termina en un rato y deja buen sabor. Si sale demasiado deprisa varios días seguidos, se pasa al medio.
Letra, papel y ayudas
- Tamaño. Impreso en A4, nuestro nivel fácil ocupa la hoja entera con casillas de más de dos centímetros: se escribe con comodidad, incluso con el pulso menos firme. Las definiciones van dentro de la casilla y, por fuerza, en letra más pequeña; para quien tenga la vista muy cansada están las fichas para mayores en letra grande y los crucigramas fáciles en letra grande, con las definiciones en lista y a cuerpo grande.
- Papel mejor que pantalla para muchas personas mayores: no hay que aprender a usar nada, se puede dejar a medias en la mesa y retomar, y no hay notificaciones.
- Lápiz y goma. Equivocarse con bolígrafo y no poder corregir es de lo que más desanima. El lápiz quita ese miedo.
- La solución, a mano pero aparte. Saber que está ahí da tranquilidad. Nuestras hojas la imprimen en una página separada; se puede guardar en un cajón o quitarla antes de imprimir.
En un taller de memoria o una residencia
El autodefinido funciona bien en grupo si se plantea como conversación y no como examen:
- Todos con la misma lámina. Cada hoja lleva su número de lámina en la cabecera, así que todo el grupo puede tener exactamente la misma.
- Leer algunas definiciones en voz alta. «¿Cómo se llama el sonido que rebota?» abre la puerta a que conteste quien lo sepa y a que salgan recuerdos y anécdotas.
- Sin cronómetro y sin notas. Se corrige en común al final.
- Mezclar con otras fichas. Un día autodefinido, otro refranes, otro cálculo de la compra. La variedad mantiene el interés; en pasatiempos para mayores hay ideas para combinarlos.
Una rutina que se mantenga
Lo que más cuenta no es el pasatiempo concreto sino que se mantenga en el tiempo. Una lámina a la misma hora —con el café, después de comer— es más fácil de sostener que una sesión larga de vez en cuando. Y si a la persona le gusta comparar tiempos con otros o con la familia, en la app de MenteBrillante hay un autodefinido nuevo cada día en tres niveles, con una rejilla que se amplía con los dedos y una clasificación por tiempo.
Para empezar en papel, en autodefinidos para imprimir hay sesenta láminas en tres niveles, gratis y con solución. Y si es la primera vez, merece la pena leer antes cómo se resuelve un autodefinido: con entender las flechas del borde, el resto sale solo.