Qué es un murdoku y por qué engancha tanto
El puzzle que cruza el sudoku con una escena del crimen: de dónde salió, cómo funciona exactamente y por qué es distinto de un sudoku normal. Con casos gratis para jugar.
Si últimamente has visto en librerías un libro de puzzles con una escena del crimen dibujada en la portada, has visto un murdoku. El nombre sale de juntar murder y sudoku, y describe bastante bien lo que es: la lógica de colocación del sudoku, metida dentro de una novela negra en miniatura.
La idea la popularizó el creador de puzzles Manuel Garand, cuyo libro Murdoku: 80 acertijos de lógica y asesinatos lleva meses circulando, y que además publica casos gratis en su web con novedades varias veces por semana. En muy poco tiempo ha pasado de curiosidad a categoría propia en las mesas de novedades.
Pero hay una confusión que conviene deshacer desde el principio, porque cambia por completo cómo se juega.
Un murdoku no es un sudoku
Comparten una regla y nada más. En el sudoku rellenas números; en un murdoku colocas personas.
El tablero es una cuadrícula que representa un escenario —una mansión, un hotel, un teatro— dividido en habitaciones. Tienes un grupo de sospechosos y una víctima, y las reglas son estas:
- Cada sospechoso ocupa una casilla.
- No puede haber dos sospechosos en la misma fila ni en la misma columna. Esta es la parte que viene del sudoku.
- Las habitaciones funcionan como las cajas de 3×3: son regiones del tablero que las pistas usan para referirse a zonas.
- Y la regla que lo convierte en un misterio: el asesino es quien acaba a solas con la víctima en su habitación.
Las pistas están escritas en lenguaje normal. Cosas como «la condesa estaba al norte del coronel», «el mayordomo no pisó la cocina», «en el bar había exactamente dos personas». No hay números que sumar en ningún momento.
Por eso, si vienes del sudoku, la sensación es rara al principio: la técnica que te sirve no es la de escanear números, es la de tachar posibilidades. Está mucho más cerca de los acertijos de lógica clásicos —los de «cinco casas, cinco colores, cinco profesiones»— que del sudoku. El sudoku le presta el tablero y una regla; el resto es otra cosa.
Por qué engancha más de lo que debería
Un sudoku bien hecho da una satisfacción concreta: la rejilla completa. Es limpia pero abstracta. Un murdoku te da un nombre, y eso funciona de otra manera en la cabeza.
Tiene su lógica. Al colocar sospechosos con nombre en habitaciones con nombre, el puzzle deja de ser una tabla y se convierte en una escena que puedes imaginar. Y como el resultado es una acusación, el último paso no se siente como «he terminado» sino como «lo tengo». Es el mismo mecanismo que sostiene cualquier novela de detectives, aplicado a un ejercicio de lógica de diez minutos.
Además hay un detalle de diseño que ayuda mucho: la culpabilidad no es un dato independiente, es una consecuencia. No hay una pista escondida que diga quién fue. El nombre aparece cuando terminas de colocar a todo el mundo, lo cual significa que no puedes hacer trampa saltando al final. Tienes que resolver el puzzle entero.
Lo que hace bueno o malo a un murdoku
Después de generar bastantes de estos, hay tres cosas que separan un caso decente de uno frustrante:
La solución tiene que ser única. Parece obvio y no lo es. Si un puzzle admite dos colocaciones válidas, en algún momento te obliga a adivinar, y adivinar no es resolver. Un caso bien construido se puede verificar: recorres todas las colocaciones posibles del tablero y compruebas que solo una cumple todas las pistas.
Las pistas tienen que estar podadas. Es fácil escribir un caso con veinte pistas ciertas. El problema es que con veinte pistas el puzzle se resuelve casi por lectura, sin deducir nada. Un caso bueno tiene el mínimo número de pistas con el que sigue siendo resoluble: quítale una cualquiera y deja de tener solución única.
Las pistas negativas valen mucho. «No estaba en la cocina» parece flojo, pero si la cocina son cuatro casillas acabas de eliminar cuatro posibilidades. Y la mejor pista del formato es la que dice que alguien no pisó la habitación del crimen: te está descartando un culpable antes de que hayas colocado a nadie.
Murdoku, Murdle y los acertijos de lógica
Se confunden a menudo porque llegaron casi a la vez y las portadas se parecen.
- Murdoku es espacial. Hay un mapa, y las pistas hablan de posiciones: al norte de, al lado de, en tal habitación.
- Murdle, de G. T. Karber, usa una rejilla de lógica clásica: filas de sospechosos, columnas de armas y lugares, y vas marcando ✓ y ✗ en los cruces. No hay mapa.
- Los acertijos de lógica de toda la vida son lo mismo que Murdle sin el marco criminal.
Los tres entrenan el mismo músculo —eliminar posibilidades hasta que solo queda una— pero se sienten distintos. Si te gusta imaginar el escenario, el murdoku gana. Si prefieres el placer seco de rellenar una tabla, Murdle.
Dónde probarlo gratis
En MenteBrillante hemos hecho nuestra propia versión del formato. La llamamos Criminoku —el nombre Murdoku es del libro de Garand, así que no íbamos a apropiárnoslo— y los casos los generamos nosotros, con solución única comprobada uno por uno.
- Jugar a los casos en el navegador: 60 casos en tres niveles, gratis y sin registro. Te marca las casillas legales según vas colocando, y guarda la partida si cierras la pestaña.
- Casos para imprimir: seis en una hoja, con las soluciones al final. Para resolver con lápiz, que para este tipo de puzzle tiene su encanto.
Y si quieres el paso a paso de un caso resuelto de principio a fin, con la cadena de deducciones completa, está en cómo resolver un sudoku de asesinato.